Viajé a Kansas y Dallas para vivir el Mundial desde adentro. Vi el 3-0 de Argentina con hat-trick de Messi, recorrí la ciudad, jugué al golf virtual y a los karts, y después entré al estadio a sentir esa locura cuando apareció la Selección. Estar ahí, en medio de todo, no se compara con nada.
Llegué a Kansas para ver el partido de Argentina y viví algo que no se olvida fácil. La Selección ganó 3-0 y Messi se sacó un hat-trick. El estadio explotó. Después del partido salimos reventados: calambres, dolor de espalda y un cansancio que no te deja ni pensar. Igual nos dimos una vuelta por el shopping a comprar algunas cosas y descansar un poco.De ahí nos movimos a Dallas. Ahí el plan cambió: fuimos a un centro comercial, jugamos al golf virtual (me fue bastante bien), probamos un simulador de paracaídas y hasta nos pusimos a hacer karts. También vimos una ceremonia con banderas que tenía muy buena onda.Lo más fuerte llegó cuando entramos al estadio. Es enorme. Caminás por adentro, ves la comida, los hinchas mexicanos y argentinos mezclados, y de golpe arranca la ovación cuando entra Messi. El estadio se viene abajo. La gente canta, grita, y cuando sale el gol la locura es total.Estar adentro de un Mundial, sentir el ruido del estadio y ver a la Selección desde tan cerca es otra cosa. No se compara con mirarlo por la tele.